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La retirada no es una opción

abril 26, 2010

He decidido titular a esta reflexión bajo una conocida frase militar: “la retirada no es una opción”.

Es bien sabido que cuando una persona muere, la mayoría de los problemas no desaparecen, los heredan los deudos. Peor si se trataba de alguien que nunca fue previsor, y no es para culparse, ¿quién tiene la valentía -y las ganas- de usar dinero para comprar un nicho y servicios funerarios para sí mismo? Creo que, de hecho, con cada generación que va naciendo, se va haciendo más difícil afrontar ese tipo de cuestiones. Yo veo a mis abuelos y me sigue sorprendiendo darme cuenta que tienen comprados espacios en cementerios, así como criptas por si decidieran ser incinerados. A mi edad y aún con mi forma de pensar, de sobrarme dinero creo que sería en lo último que gastaría… al menos por ahora.

De lo que no tenía idea, hasta este fin de semana al menos, es de la cantidad de trámites y problemas que puede acarrear para los familiares que sobreviven al suicidio de un individuo. Parece facil para muchas personas el decidir quitarse la vida, no podría asegurarlo con exactitud porque quienes lo han hecho, ya no están aquí para contarlo, pero tengo la seguridad de que esos personajes no se han puesto a pensar en las implicaciones legales que puede llevar su acto post-mortem.

Es evidente para quienes conocen a una persona, poder averiguar si su muerte fue causa de suicidio. El problema es que para las autoridades no lo es y necesitan asegurarlo, por ello, una de los primeros requisitos es el tener que hacer una autopsia, lo cual ya es suficientemente penoso para los deudos pues implica esperar varias horas (o a veces, días) antes de poder darle santa sepultura. Pero ahí no acaba la cosa, concluída la autopsia, las mismas autoridades solicitan que el cuerpo no sea cremado hasta que ellos lo autoricen para continuar con las investigaciones. Esto, por supuesto, es normal pero… ¿qué pasa si la familia no cuenta con un espacio para enterrar el cuerpo en un cementerio? Cabe recordar que vivimos en una sociedad donde cada vez más y más personas optan por cremar a sus difuntos -aspecto que comienza a convertirse en problema mundial, pues los cadáveres dotan de nutrientes al suelo, mismos que comienzan a brillar por su ausencia y a provocar efectos secundarios-, por ello, no es de sorprender que muchos familiares recurran a pedir favores de préstamos de fosas, segundo aspecto penoso en un momento trágico pues, además, implica que no se podrá cumplir, en muchos de los casos, con la última voluntad del difunto de que su cuerpo quede donde desea.

Alguna vez me dijeron, y con justa razón, que una persona que decide quitarse la vida no lo anuncia, simplemente lo hace. Ahora entiendo que es completamente cierto, hay muchos individuos que llaman a líneas de auxilio o que buscan a sus familiares bajo la amenaza de atentar contra su integridad física, sin embargo, diría el refrán coloquial “perro que ladra, no muerde”. Lo que es seguro es que esa persona que decide irse al otro mundo, nunca se pone a pensar en los problemas que su acto le va a traer a los que se quedan para despedirle. Ahora, mi pregunta es ¿si lo supieran, pensarían dos veces sobre esa decisión?

Por esto es que “la retirada no es una opción”.

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2 comentarios

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